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El aislamiento antes, durante y después del tratamiento en el hospital; la preocupación por los microbios; el estrés cotidiano por la salud y la recuperación del niño: todos estos factores pueden tener efectos negativos duraderos en los padres. Tener un bebé con IDCG puede ser una travesía estresante, aterradora y traumática para los padres y cuidadores. Es importante recordar que no está solo.

¿Qué es normal?

  • Sentir temor e incertidumbre
  • Sentirse hipervigilante respecto a la salud de su bebé
  • Sentirse nervioso o incapaz de relajarse
  • Sentirse agotado y desgastado
  • Tener dificultad para concentrarse en otras tareas
  • Sentir una mezcla de diferentes emociones que varían día a día o incluso momento a momento
  • Sentirse desconectado de familiares y amigos
  • Sentirse tenso con su pareja

Señales de preocupación

La angustia es muy normal y se espera que ocurra cuando se cuida a un bebé con IDCG. Nunca es un mal momento para buscar ayuda si necesita más apoyo. Sin embargo, lo siguiente puede indicar la necesidad de una ayuda más inmediata o intensiva:

  • Depresión, decaimiento la mayor parte del tiempo casi todos los días
  • Pérdida de interés en cosas que antes disfrutaba
  • Sentirse irritable o inquieto la mayor parte del tiempo
  • Sentirse desesperado o indefenso
  • Sentimientos de culpa excesiva, soledad o aislamiento
  • Dificultad para dormir o comer
  • Incapacidad para realizar las tareas diarias de autocuidado
  • Pensamientos de lastimarse a sí mismo o a alguien más
  • Discusiones con su pareja
  • Interacciones inquietantes con familiares o amigos

¿Cómo buscar ayuda?

  • Pídale a su equipo que lo remitan a un psicólogo pediátrico o psicólogo de la salud. Estos especialistas suelen tener experiencia trabajando con niños y padres que están lidiando con enfermedades traumatizantes, prolongadas o potencialmente mortales.
  • Considere la terapia individual, el asesoramiento matrimonial y la terapia familiar si tiene hijos lo suficientemente mayores como para participar.
  • Si está experimentando específicamente síntomas de estrés traumático, entre ellos pesadillas o recuerdos no deseados, evasión, reacciones intensificadas, ansiedad o depresión, puede buscar un terapeuta con experiencia en el tratamiento de personas con trastorno de estrés postraumático (TEPT).
  • Llame a su compañía de seguros y pregunte si hay profesionales de la salud mental en su área y que estén cubiertos en su plan. Asegúrese de preguntar qué beneficios se ofrecen y qué servicios están cubiertos o no. Tenga en cuenta que, en algunas situaciones, la facturación puede realizarse mediante el seguro y diagnóstico médico de su hijo.
  • Hable con su médico de atención primaria sobre la remisión a un terapeuta. Si es apropiado, también puede optar por preguntarle a su médico sobre medicamentos para el estado de ánimo o la ansiedad. Pueden remitirlo a un psiquiatra, un médico que se especializa en el tratamiento médico de problemas de salud mental y emocional. Es muy común que los padres de niños con problemas de salud graves reciban ayuda psiquiátrica para controlar su angustia.
  • Apoyo social: Comuníquese con amigos y familiares. Sea honesto acerca de lo que necesita y lo que no necesita, y no se sienta obligado a devolver llamadas o mensajes de inmediato. Use las redes sociales, Caring Bridge u otros sitios similares para poder comunicar solo la información que desea compartir. Esto puede ser útil para que las familias eviten compartir el mismo mensaje repetidamente. Siempre está bien pedir privacidad, y siempre está bien pedir ayuda cuando la necesite.
  • Si su hijo tiene hermanos mayores que tienen dificultades, pregunte a su equipo si hay especialistas o terapeutas para niños que puedan ayudar a responder preguntas y brindar apoyo.

Recursos adicionales

En los momentos que no pueda acudir a un terapeuta, también puede usar recursos en línea que ofrecen materiales para ayudar a manejar el estrés y enseñar técnicas de relajación. Tenga en cuenta que los recursos en línea no deben sustituir los servicios de salud mental proporcionados por un profesional.